HOY EN DOCUMENTALES – Entrevista a Jorge Luis Borges en ‘A Fondo’ (1976)

Publicado por la cortesía de Ayax Zombi / Canal You tobe

Un día como hoy 24 de agosto de 1899, nace Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, erudito y escritor argentino, considerado uno de los más destacados de la literatura del siglo XX.

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LA INESPERADA VIRTUD DE LA LOCURA

PAREJA ENAMORADA
 

Nunca supe cómo me salieron esos trazos. Tenía las caras de Bolívar, Miranda, Washington y Robespierre, sobre el pizarrón. La tiza se partió varias veces, pero aun así dibujé facetas de las principales batallas. Es interesante cuando vamos a los detalles: artillería empleada, uniformes, rutas, estrategias…. Un representante miraba por la ventanilla. Su sonrisa parecía validar mi trabajo. Los de historia tenemos fama de aburridos, pero cuando hacemos algo inusitado, nunca hay testigos. Ahora, esa señora de ojos luminosos, es la excepción. Podría hacer una aproximación de su edad. Puede que tenga treinta y siete, más o menos. Quizá estaba en una reunión de padres y escuchó por casualidad mi disertación. No pudo evitar echar un ojo por la ventanilla. Es bueno que lo hiciera, es atractiva. Ahora me hace señas con la mano. Quiere que me aproxime. Me acerco y abro la puerta cortésmente. Es la mamá…

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CRÓNICA NEGRA: Al profe lo mataron en un hotel.

Viernes 16 de marzo 2018

Cuando el cuerpo de investigaciones entró al hotel Bocanegra, en la avenida Victoria, una hora después de haber recibido la llamada del administrador.  El cuerpo del profesor Archibaldo Ramírez de 41 años yacía desnudo y boca arriba, sobre una cama impregnada de sangre semi-seca. Su ingle había sido perforada por una bala, igual que sus genitales, provocando el desprendimiento de los testículos y de cuatro litros sangre que vertió por una arteria principal.  Pedro Correa, el administrador del lugar, indicó que no se dio cuenta del hecho porque no hizo inspección ese fin de semana. Fue el lunes 19 cerca de las ocho de la mañana que tocó la puerta de la habitación. La pareja no se había presentado para dejar la llave en recepción. Habían pagado por adelantado ese fin, pero el tiempo de gracia terminaba a las siete de ese lunes.

La comisión le preguntó a Correa si tenía registrado el nombre de la chica, y por qué ya no estaba en la habitación. Revisó el libro de control y dijo el nombre de Ameláis Guzmán de dieciocho años de edad. Confesó que no se dio cuenta cuando la joven salió de la habitación, aunque sí tenía un circuito cerrado y podía darnos más luces. El video del viernes 16 en el pasillo principal indicó que a las 15 horas con 24 minutos de la madrugada, Ameláis Guzmán era sacada con violencia de la habitación por un sospechoso que portaba una Beretta 92FS en su mano derecha. Opuso resistencia antes de montarse al vehículo pero él la golpeó para que lo hiciera y arrancó. El rostro no pudo visualizarse con el zum, ya que llevaba un casco de motorizado, aunque sí una camisa escolar probablemente azul de básica y la insignia de un liceo de la zona. Se maneja que Ameláis era estudiante del mismo liceo y fornicaba con el profesor Archibaldo en dicho hotel, también que el motorizado siendo su novio, y descubriendo la infidelidad, programó seguirlos para vengarse.

CRÓNICA NEGRA – Lo mataron para robarle una paca de Harina

Caracas, 13 de marzo de 2018

Nos enteramos que el sábado 10 de marzo, un poco más allá de la seis de la tarde, aunque todavía estaba claro, que el cuerpo de Ramón Hinojosa de 35 años cayó de una moto por un balazo en la cabeza, en el barrio el Capitán de Catia. Cuenta su familia que le pagó a un moto-taxi para que lo llevara a dicho barrio a buscar una paca de harina de maíz. Pero al parecer las intenciones de conductor cambiaron. –Es terrible, porque ellos eran amigos, no entiendo qué le pasó al gordo, testificó la esposa evidentemente conmovida. -Sí, habían sido amigos desde la escuela. El gordo tenía fama de malandro pero no tenía antecedentes penales, sólo se dedicaba a su chamba y ya, cuenta un amigo de la víctima. La hipótesis policial aborda el siniestro como un caso de crimen común, sólo que el móvil del delincuente era robarle la comida.

Descripción del suceso: Ramón Hinojosa busca a Jefferson Maldonado (alias el gordo), en la parada de las motos, en la entrada de Gramoven, le pide que lo lleve al Capitán porque un conocido le venderá una paca de Harina. El gordo hace el viaje y cuando llegan, lo ayuda a cargar la paca en la parte de atrás de la moto amarrándola con una liga gruesa, de esas que usan los carritos de mercado. El gordo se monta, enciende la moto y saca una Heckler  semiautomática propinándole un tiro en la frente. Entre todos los testigos que declararon, sólo uno no está de acuerdo con la tesis de que, aunque eran grandes amigos, la necesidad mató al gato y el victimario optó por robarle la comida; al parecer la actual esposa de Hinojosa, había sido primero la mujer del gordo, lo cual dirige todo a un presunto móvil pasional. Actualmente el cuerpo técnico de policías está en la pesquisa del asesino que escapó con la motó y, por supuesto, el voluminoso empaque de papel con 20 paquetes de Harina Pan.

 

CRÓNICA NEGRA: Llegó desnudo a su casa

Caracas, 8 de marzo de 2018

Ayer 7 de marzo el señor Lucas Figueredo de 41 años, llegó desnudo a su casa. La gente se le acercaba haciéndole preguntas tontas, como: -¿Señor se encuentra bien?, ¿le pasó algo?, ¿lo robaron? Sí, al señor Lucas Figueredo lo robaron cuando salía de la estación Plaza Sucre de Catia, por el lado de los Magallanes. Eran dos sujetos que presuntamente lo venían siguiendo desde que salió de un cajero en la avenida Francisco de Miranda de Chacao. Cuenta la víctima que, cuando salió del Metro Plaza Sucre, un hombre le preguntó la hora y al bajar la cabeza para ver su reloj, otro le llegó por detrás, y le hizo sentir su arma. Eso bastó para inmovilizarlo, mientras el que le había preguntado la hora le despojaba de sus objetos personales, entre ellos: el reloj, la billetera (con los diez mil bolívares que le dio el cajero del Banco de Venezuela), su teléfono inteligente valorado en veinticinco millones de bolívares, y la ropa con los zapatos que llevaba puestos.

Figueredo asegura que había visto a los delincuentes en el cajero, justo detrás de él. Acababa de salir del trabajo y le tocó hacer una cola de una hora. Los reconoció porque mientras hacía dicha cola hablaron de política y, curiosamente, de los altos índices de criminalidad.

Adolfo Bioy Casares – El Caso de los Viejitos Voladores

Un diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora.

El legislador había advertido, primero sin alegría, por último con alarma, que en aviones de diversas líneas cruzaba el espacio en todas direcciones, de modo casi continuo, un puñado de hombres muy viejos, poco menos que moribundos. A uno de ellos, que vio en un vuelo de mayo, de nuevo lo encontró en uno de junio. Según el diputado, lo reconoció “porque el destino lo quiso”.

En efecto, al anciano se lo veía tan desmejorado que parecía otro, más pálido, más débil, más decrépito. Esta circunstancia llevó al diputado a entrever una hipótesis que daba respuesta a sus preguntas.

Detrás de tan misterioso tráfico aéreo, ¿no habría una organización para el robo y la venta de órganos de viejos? Parece increíble, pero también es increíble que exista para el robo y la venta de órganos de jóvenes. ¿Los órganos de los jóvenes resultan más actrativos, más convenientes? De acuerdo: pero las dificultades para conseguirlos han de ser mayores. En el caso de los viejos podrá contarse, en alguna medida, con la complicidad de la familia.

En efecto, hoy todo viejo plantea dos alternativas: la molestia o el geriátrico. Una invitación al viaje procura, por regla general, la aceptación inmediata, sin averiguaciones previas. A caballo regalado no se le mira la boca.

La comisión bicameral, para peor, resultó demasiado numerosa para actuar con la agilidad y eficacia sugeridas. El diputado, que no daba el brazo a torcer, consiguió que la comisión delegara su cometido a un investigador profesional. Fue así como El caso de los viejos voladores llegó a esta oficina.

Lo primero que hice fue preguntar al diputado en aviones de qué líneas viajó en mayo y en junio.

“En Aerolíneas y en Líneas Aéreas Portuguesas” me contestó. Me presenté en ambas compañías, requerí las listas de pasajeros y no tardé en identificar al viejo en cuestión. Tenía que ser una de las dos personas que figuraban en ambas listas; la otra era el diputado.

Proseguí las investigaciones, con resultados poco estimulantes al principio (la contestación variaba entre “Ni idea” y “El hombre me suena”), pero finalmente un adolescente me dijo “Es una de las glorias de nuestra literatura”. No sé cómo uno se mete de investigador: es tan raro todo. Bastó que yo recibiera la respuesta del menor, para que todos los interrogados, como si se hubieran parado en San Benito, me contestaran: “¿Todavía no lo sabe? Es una de las glorias de nuestra literatura”.

Fui a la Sociedad de Escritores donde un socio joven, confirmó en lo esencial la información. En realidad me preguntó: –¿Usted es arqueólogo?

–No, ¿Por qué?

–¿No me diga que es escritor?

–Tampoco.

–Entonces no lo entiendo. Para el común de los mortales, el señor del que me habla tiene un interés puramente arqueológico. Para los escritores, él y algunos otros como él, son algo muy real y, sobre todo, muy molesto.

–Me parece que usted no le tiene simpatía.

–¿Cómo tener simpatía por un obstáculo? El señor en cuestión no es más que un obstáculo. Un obstáculo insalvable para todo escritor joven. Si llevamos un cuento, un poema, un ensayo a cualquier periódico, nos postergan indefinidamente, porque todos los espacios están ocupados por colaboraciones de ese individuo o de individuos como él. A ningún joven le dan premios o le hacen reportajes, porque todos los premios y todos los reportajes son para el señor o similares.

Resolví visitar al viejo. No fue fácil.En su casa, invariablemente, me decían que no estaba. Un día me preguntaron para qué deseaba hablar con él. “Quisiera preguntarle algo”, contesté. “Acabáramos”, dijeron y me comunicaron con el viejo. Este repitió la pregunta de si yo era periodista. Le dije que no. “¿Está seguro? preguntó.

“Segurísimo” dije. Me citó ese mismo día en su casa.

–Quisiera preguntarle, si usted me lo permite, ¿por qué viaja tanto?

–¿Usted es médico? –me preguntó–. Sí, viajo demasiado y sé que me hace mal, doctor.

–¿ Por qué viaja? ¿Por qué le han prometido operaciones que le devolverán la salud?

–¿De qué operaciones me está hablando?

–Operaciones quirúrgicas.

–¿Cómo se le ocurre? Viajaría para salvarme de que me las hicieran.

–Entonces, ¿por qué viaja?

–Porque me dan premios.

–Ya un escritor joven me dijo que usted acapara todos los premios.

–Si. Una prueba de la falta de originalidad de la gente. Uno le da un premio y todos sienten que ellos también tienen que darle un premio.

–¿No piensa que es una injusticia con los jóvenes?

–Si los premios se los dieran a los que escriben bien, sería una injusticia premiar a los jóvenes, porque no saben escribir. Pero no me premian porque escriba bien, sino porque otros me premiaron.

–La situación debe de ser muy dolorosa para los jóvenes.

–Dolorosa ¿Por qué? Cuando nos premian, pasamos unos días sonseando vanidosamente. Nos cansamos. Por un tiempo considerable no escribimos. Si los jóvenes tuvieran un poco de sentido de la oportunidad, llevarían en nuestra ausencia sus colaboraciones a los periódicos y por malas que sean tendrían siquiera una remota posibilidad de que se las aceptaran.

Eso no es todo. Con estos premios el trabajo se nos atrasa y no llevamos en fecha el libro al editor. Otro claro que el joven despabilado puede aprovechar para colocar su mamotreto. Y todavía guardo en la manga otro regalo para los jóvenes, pero mejor no hablar, para que la impaciencia no los carcoma.

–A mí puede decirme cualquier cosa.

–Bueno, se lo digo: ya me dieron cinco o seis premios. Si continúan con este ritmo ¿usted cree que voy a sobrevivir? Desde ya le participo que no. ¿Usted sabe cómo le sacan la frisa al premiado? Creo que no me quedan fuerzas para aguantar otro premio.

Publicado gracias a la cortesía de Cuentosinfin