DESDE LA ETERNIDAD

abuelo_nieto[1]

Sonó el timbre a las cinco de la tarde y el niño abrió la puerta. El abuelo estaba justo en el umbral, de cuclillas, y con los brazos extendidos para abrazarle. El niño gritó: ¡abuelo!, y se echó sobre él con gran euforia. –Niño, niño de mi corazón, cómo te quiero. –Sí abuelo, yo también…El niño se le quedó viendo las manos, como buscando algo. –Ah, aquí tienes, dijo el abuelo, y sacó unos caramelos de sus bolsillos. -¿Son de chocolate abuelito?, ¿de qué son? -Son de miel hijo, de miel. ¿Y tu padre?, dijo mientras miraba cada rincón de la casa. Tenía una extraña melancolía en sus ojos, como si regresara de un largo viaje, y como si cada parte de la casa le recordara momentos entrañables. –Está en el trabajo abue…lito, decía el niño tragando los caramelos. Pero mamá está con la vecina. – ¡Caramba!, siempre tan ocupados, y tengo tanto que decirle a mi hijo. -¿Qué abuelito?, dijo el niño intrigado.-Que me gustaría decirle a tu padre lo hermoso que es allá, donde estoy. Por eso vengo todas las tardes a decirle cómo es…quiero verlo algún día por allá.-No te vayas abuelito, papi ya viene. –No hijo, tengo varios días viniendo, y nunca llega. –Va a llegar, lo sé abuelito. –Pero mucho después, cuando este viejo ya se ha ido… -¿Quiero ir contigo? –Algún día, ahora estás muy pequeñito. Además, tienes que decirle a tu papi que lo amo mucho, y lamento que mi partida haya sido tan inesperada. Me gustaría que comprendiera que a veces la muerte llega sin aviso…

Pasó cierto tiempo, como más de una hora. La tarde ya daba el aviso crepuscular y la bóveda celeste se ponía naranja y luego roja. El niño jugaba en presencia del abuelo, le decía cosas de su mundo fantástico de superhéroes, carros volantes, y dragones superestelares. Tenía un montón de plastilina que doblaba aplastaba y estiraba, dándole formas y nombres, y con orgullo lo enseñaba a ese anciano que admiraba porque era el papá de papito, o porque le daba caramelos, o porque sabía muchas cosas. Pues, ese día, cuando el padre llegó del trabajo y el niño le contó la visita del abuelo, éste comenzó a llorar. -Hubiera querido verle antes que desapareciera, hubiera querido abrazarle, hubiera querido darle un beso de despedida, hubiera querido muchas cosas…

Cuento ganador del Turpial de Incienso Sociedad Venezolana de Arte Internacional SVAI

 

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