VECINOS INDISCRETOS

Inspirada en la película “La Ventana Indiscreta” (1954) de Alfred Joseph Hitchcock

 

 

-Querido, cierra la ventana que está mirando otra vez.

-Ese tipo no puede ver que entras al baño. Parece que te estuviera cazando las veinticuatro horas.

-No sé… yo no tengo la culpa…

-Claro, las mujeres siempre le vienen con eso a uno, por qué no dicen la verdad.

-¿Cuál verdad?

-Cuál va a ser… que le gustan que se la devoren con los ojos.

-No tengo culpa de que un noventa y nueve por ciento de los tipos tengan testículos por cerebro. Además, ese hombre me parece que está enfermo. Quién sabe… puede que sea un retardado mental.

-Sí, está enfermo de tanto verte por la ventana.

-Puede ser verdad querido. Hay un alto porcentaje de hombres que tienen el síndrome de Down, y luego de morir los padres, viven solos en un departamento…

-Yo creo que ese tipo es más inteligente que tú y yo. Acaso no te das cuenta cómo maneja sus prismáticos, cómo lo gradúa con su dedo. Lo hace como si estuviera investigándonos, con una frialdad que intriga. Si no captara desde aquí sus pupilas libidinosas, pensaría que es un investigador privado, o un agente del FBI. Date cuenta, el desgraciado ni siquiera disimula cuando lo vemos.

-Cierra esa ventana chico… cómo te gusta abrumarte con la gente.

-Sí, se la voy a cerrar en la cara al cabrón ese.

Al día siguiente, Cosme abrió la ventana, y no vio a nadie en la de enfrente. Se sintió cómodo. Se metió al baño, abrió la ducha fría y comenzó a cantar La Donna Inmóvile. Marilú se sentó en la mesa de la cocina con el desayuno. Se metía pedacitos de pan en la boca mientras veía la ventana del vecino indiscreto.

-Por fin el vecino nos dejó en paz, dijo en voz alta.

-Sí, ya me di cuenta… Fue una fortuna abrir la ventana y no encontrarlo chupando el cristal, como  esos peces que limpian el mierdero de las peceras.

Marilú le colocó el desayuno sobre la mesa. -Aquí están tus arepas querido.

-Okey, tápalas, quiero quedarme un rato más bajo esta agua rica.

-No sé cómo la aguantas tan temprano, parece hielo.

-Me despierta Marilú.

-A mí me mata. La prefiero tibia.

Marilú tomó otro sorbo de café, y miró por la ventana. Se quedó con la taza detenida en su boca cuando apareció una mujer con unos prismáticos.

-No vas a creer esto querido, pero ahora es la esposa la que nos mira.

-Bueno, si es mujer no hay tanto problema…

-¿Por qué?, dijo ella frunciendo el entrecejo.

-Bueno, tú sabes Marilú, las mujeres no son tan morbosas. Dime, ¿qué puede estar viendo?, ¿el color de nuestros muebles?, ¿el diseño de la cocina?, ¿las baldosas?…

-Yo creo que debemos poner la puerta del baño cuanto antes, dijo ella mordisqueando la arepa.

Cosme salió del baño sin la toalla. Se paró precisamente en el umbral, haciendo una especie de estiramiento físico.

-Pero, qué haces, ¿por qué te paras allí desnudo?

-Vas a ver, se va a asustar…

Cosme comenzó a balancear su cadera y su miembro largo y flácido se movía como péndulo. -Vamos a ver si le da algo de verguenza a la zorra esta… Se puso la toalla sobre el cuello e inició una especie de show stripers amateurs.

-No creo que se asuste Cosme.

-Espera un minuto…Cosme comenzó a moverse como si follara a alguien. Como si estuviera partiendo en dos a la vecina indiscreta.

-Esa mujer lo que te está es buceando, chico. Mira cómo gradúa el binocular, mira cómo se ríe y se lame el labio superior, es una…es una desgraciada perra…

-Te fijas, ves cómo se siente uno…¿experimentas ese sentimiento de traición frustrante?

-Ah, eso querías, descobrártela.

-Siempre te vas por el lado de la venganza amorcito. Lo que quiero es enseñarte cómo son las cosas, te llevo algunos años.

-Sí, en éstos casos parece que me llevas todos los años del mundo, ¿verdad?

-Pero no te molestes chica. Ya me pongo la toalla, ves, ya me la puse…

-Lo que quiero es que me respetes. Que te portes como el hombre que una vez conocí.

-Fue una manera de alejarla Marilú. A esos fisgones es mejor confrontarlos. Mi primo, el psicólogo, dice que a los sádicos no hay que mostrarles miedo. A veces me cuenta que durante las crisis, ha tenido que mostrarles hasta su miembro para que sepan quién es el jefe.

-Por Dios, qué vergüenza. No te creo. Existe una ética médico-paciente, ¿no?

– Él lo dice muy en serio. Si supieras las historias que tiene sobre las ninfómanas…

-No no, no me cuentes esas cochinadas… Mira, por fin soltó los prismáticos.

-Sí, y observa quién llegó…,el fisgón.

-Ay qué tierno, parece que se trae una cena muy especial, mira las botellas querido, Champagne, umm, desde cuando no me haces algo así…

-Bueno, seguro comienzan su relación.

-Mira cómo cenan… ¡qué lindo! Viste, hasta la gente rara es romántica cuando se trata de amor.

-Tú me conoces Marilú, sabes que nunca he sido un poeta.

-Pero es que ni siquiera haces el esfuerzo. Ah, qué preciosa escena, cómo le besa las manos… y el candelabro, hace un ambiente formidable…todo tan acogedor…tan mágico…tan…no sé…

-Se me aguan los ojos Marilú. Casi lloro.

-Tienes que aprender querido. Pásame los otros binóculos, porfa…

-Aprender de un par de sádicos, estás loca…, toma…

-Estoy loca de enamorarme de un verdadero poeta…

-Mira lo que dices, luego soy yo el grosero, el de las traiciones.

Marilú sonríe mientras observa cada detalle por los binóculos.

-Parece que conversan… Mira, ahora se levantan. Creo que ya cenaron. Él tan caballeroso, le retira la silla con suavidad… Ahhh si así lo hicieras, podrías enamorarme otra vez.

-Ya basta Marilú, no te das cuenta de la escenita que hacemos, en qué nos convertimos…

-Sí, nos corvertimos en un matrimonio aburrido.

-No entiendes lo que somos, ¿verdad?

-Sí que lo entiendo, querido. Entiendo que ya eres demasiado viejo para el romance, mira… cómo la carga hasta al cuarto…cómo se besan…ahhhh…

-¡Basta de este papelito Marilú!

-¿Cuál papelito?

Cosme no respondió. Solo la tomó en peso y ella sonrió sorprendida. Avanzaron al cuarto mirándose con ese brillo en los ojos que los dos creyeron olvidar por mucho tiempo. A los diez minutos de fogosa actividad, él se levantó de la cama para cerrar las ventanas. La pareja vecina no dejaba de pasarse los prismáticos.

 

 

 

Relato publicado en el libro ”Al Borde del Caos”. Editorial El Perro y La Rana. En Proceso de impresión .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s