UN CUENTO SANGRIENTO

Alta9

EN MI CUENTO EL PERSONAJE PRINCIPAL DEVORA COMICS. Lee uno de tétrica portada llamado: Un Cuento sangriento. Es sobre alguien que asalta el hogar de un noctámbulo que lee comics, mientras su compañera duerme. El perpetrador en principio había querido robar. Pero adentro de una lujosa habitación, ve una diosa dormida. Su apetecible cuerpo desnudo es una oportunidad que no puede negarse. Al mismo tiempo la chica tiene una pesadilla: Duerme sobre el verde follaje de un parque, y un hipopótamo sale del fango cayendo sobre su espalda. Siente su terrible olor y peso, y es obvio que no puede moverse. Quiere despertar pero no puede, es allí cuando siente el falo del animal. Su grito es un monumento a la desesperación, pero no es suficiente, nadie la escucha, de su sexo salen litros de sangre y sus labios tiemblan de dolor y muerte.  Nuestro personaje cree oír algo, se levanta y recorre los pasillos de una casa en penumbras. Todo es silencio. Todo es canto de grillos. Regresa otra vez a su silla y la lectura lo posee. La mujer agónica ve sonreír a su captor subiéndose la cremallera. Sus ojos son dos hoyos perdidos en la profundidad. -Si gritas me quiebro a tu esposo. Ella traga algo, ¡Glup!, una saliva nerviosa que desciende por su tráquea. Si gritas voy a joder a tu esposo. ¿Me captas? Lo mato coño, le parto la madre. -Está bien, no gritaré, pero no le hagas daño por lo que más quieras… -DIME, ¿DÓNDE ESTÁ EL BIYULLO? -En aquella caja tenemos el efectivo… Lleno de codicia la busca. Es una pequeña caja fuerte. – ¿Dónde está la llave? Ella tarda en responder. COÑO PENDEJA, RESPONDE. El llanto casi no la deja hablar. –Es que yo…yo… no la tengo. La mirada de ella se proyecta hasta el esposo al otro lado del pasillo. Quisiera advertirle el peligro. Quisiera gritarle que corra. Quisiera… Pero el intruso atrapa esa mirada en el aire.  – Ah, es aquel pendejo de la cocina, ¿no?, ¿él sí la tiene? La mujer busca incorporarse. Toma fuerzas para gritar, para avisarle rápido a… pero entonces siente el golpe, zas, y luego el cronch de su cráneo que se parte. Nuestro personaje alza la cabeza, ahora sí cree haber escuchado algo más contundente. Se levanta y recorre otra vez los pasillos de la casa en penumbras. Se asoma por las ventanas. Nada en la calle. Ni las escorias que suelen deambular. Ve la puerta abierta del cuarto y se aproxima. Observa a su mujer tendida bocarriba, y eso le extraña, porque siempre duerme bocabajo. Sonríe. Se le ocurre que debe estar soñando con el viaje que le prometió a la madre patria, España. Regresa a la cocina, se sienta con los codos sobre la mesa. Las líneas lo envuelven. El argumento. Las imágenes del dibujante tan bien hechas. El intruso avanza con la caja. Imagina las llaves en el bolsillo del pendejo que lee. Lo ve, en efecto, como una pieza de museo inamovible que no nota su presencia. Alza la caja justo sobre su cabeza. Toma impulso suficiente para acabarlo de un golpe, pero en ese instante, nuestro personaje cierra el comics. Cree que sus líneas se han vuelto demasiado sangrientas, y piensa lanzarlo a la papelera, sólo que en el último segundo, lo arroja sobre la mesa y camina al cuarto. Quizás mañana tenga bolas para terminar.


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