BAR30 Reseña de una Novela Policiaca de los 90

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CUANDO BAR30 CAYÓ EN MIS MANOS NO TENIA NI DOSCIENTOS EN EL BOLSILLO. Tenía rato recorriendo librerías con la esperanza infructuosa de llevarme algo por ciento cincuenta bolívares. Había títulos suculentos en la vitrina y en los anaqueles, pero inalcanzables. Le di un último vistazo interno a la Librería Técnica Diéguez, la del pasaje Zingg. Si alguno pasa por allí verá a dos tiernas señoras de aspecto europeo con un talento impresionante para vender libros. Pues sí, recorrí con la vista ese libro de Federico Vegas, La Nostalgia Esférica, El Lobo Estepario de Herman Hesse, Objetos No Declarados de Héctor Torres, casi se me aguan los ojos con La Herencia de la Tribu de Ana Teresa Torres, hubiera terminado mi mercado con Amantes Letales de Eloy Yagüe o cualquier otro del género policiaco. Estaba a punto de despedirme, incluso ya había levantado mi mano para decirle adiós a las doñas, cuando me percaté de aquella vetusta estantería. Se trataba de un mueble maltrecho que quizás habían tratado de retocar con una capa de pintura en aceite marrón. Los libros allí estaban siendo virtualmente asesinados por bacterias y hongos. Deslicé mi retina por los lomos y fue cuando lo ví… BAR30 por Marcos Tarre. Nunca había leído un libro de Marcos, lo único que había logrado ver era la película Colt Comando 5.56 y por su impacto en el cine de los ochenta, los personajes quedaron plasmados en mi memoria. Así que cuando comencé a leer BAR30, Gumersindo Peña seguía teniendo el rostro de Pedro Lander y fue fácil quedarme enganchado en la historia. Marcos te lleva desde las primeras líneas describiendo el sobrevolar de una mosca. Utiliza una escala microscópica para precisar las pretensiones del insecto en posarse sobre la piel sudorosa de Gumersindo Peña, que no estaba dispuesto a moverse del lugar de los acontecimientos…

BAR30 es una novela que narra las peripecias de un detective de la DISIP en la búsqueda de unos colegas desaparecidos en la península de Paraguaná. La trama transcurre dentro del territorio venezolano y la dinámica se extiende desde Caracas hasta el extremo más occidental, Punto Fijo. Gumersindo es el prototipo del policía viciado que no le importa tomarse unos tragos y estar con una buena hembra mientras resuelve un caso. Tampoco le importan los medios por los cuales resolverá el caso. Lo que le importa es resolverlo. Eso sí, los resuelve. Utiliza conexiones, habilidades, y todas las artimañas posibles para ello. Sus métodos son cuestionados por algunos funcionarios, aunque más allá de las tentativas por procesarle y las suspensiones, el comisario Ferrer le asigna nuevas misiones y lo aprovisiona para seguir resolviendo los casos. Gumersindo no sólo resuelve por qué desaparecieron sus compañeros o quien los mató, sino desempolva toda una organización del narcotráfico encabezada por Ron Marshall y su amante Emperatriz Guaramato, al parecer una malvada bruja vudú. Cuando Gumersindo se aproxima a Emperatriz matando a su mascota y algunos de sus lacayos, le hace una herida que casi le cuesta la vida. El detective lo hace para sacar información y en vista de la arremetida que unos días antes sus sicarios le propinaron, además de ese peligroso perro. Emperatriz lanza una maldición sobre el detective y cuando regresa a Caracas su hijo Ricardito cae con Leucemia en la clínica La Floresta. Gumersindo entra en contacto con Sídney Marshall, padre de Ron, y es en ese momento cuando todo comienza a ponerse claro. Trabaja para él para poder costear los onerosos gastos de la clínica. Sale con el viejo Marshall a Punto Fijo pero es un viaje sin éxito, Marshall enferma a medida que se aproxima a Paraguaná. Es la maldición de la bruja. De igual forma Gumersindo relaciona la Leucemia de Ricardito con las ardides de Emperatriz. Regresan a Caracas e internan al viejo en la Floresta. Graciela, su esposa, está angustiada por el niño, además quiere decirle algo que cambiará su relación con él para siempre.

Sídney Marshall envía a Gumersindo de nuevo a Paraguaná. Le da la dirección de una cueva de gran valor estratégico y con suficiente arsenal bélico como para iniciar una guerra. Eran tierras que su hijo Ron Marshall le había arrebatado por la fuerza para dedicarla al narcotráfico con los colombianos. Había hecho una gran fortuna, pero una fortuna que mancillaba su apellido. El viejo había sido una clase de héroe condecorado en Norteamérica. De vuelta a Falcón Peña le vende a Emperatriz Guaramato la información sobre el operativo que los pondría tras las rejas en las próximas horas, para que ellos puedan escapar fuera de Venezuela. Lo hace consciente de que está cometiendo un delito, pero lo hace por la vida de su hijo, para que ella retire la maldición sobre su vida. Emperatriz accede salvar a Ricardito pero le asegura que la muerte siempre estaré pisándole los talones.

Al final Gumersindo cumple la encomienda del viejo Marshall. La cueva es volada en mil pedazos, no sin darse una gran batalla con los tipos de Ron Marshall y hasta con un tal Cordobés, un peligroso sicario de Emperatriz, que por cierto ya había mandado a la otra vida, y Peña no terminaba de entender por qué el miserable seguía respirando. Le había asestado varios tiros en el cuello y otras partes de su humanidad, partes vitales. Asi que entró en lucha con lo que podría denominarse en ciencia ficción como zombi o, en su defecto, un elemento drogado hasta el punto de no retorno. El Cordobés con una BAR3O trabada con casquillos descontinuados, le disparaba sin resultado alguno. Mientras él con su Beretta 92F apuntaba directo al mecanismo de la BAR30 para arruinarla. Y en los límites de la extenuación, cuando ya el tipo se le viene encima y ve desaparecer las opciones de supervivencia, lo hace caer en la cueva antes de volarla. Gumersindo gracias a sus fieles compañeros el gordo Plumrose, Dorantes, Villarroel, Ferrer, entre otros colegas y amigos, resuelve un caso que podría haberle costado la vida.

En Caracas, como suele suceder muchas veces en la vida de una persona normal, después de una peligrosa prueba, Gumersindo Peña recibe dos noticias, una buena y la otra mala. La buena es que Ricardito ya no padece los síntomas de la Leucemia y, por ese lado, todo trascurre en paz. Pero la mala noticia es que su esposa Graciela se ha enamorado de otro.

BAR30 fue publicada en 1993 y escrita para el disfrute del lector. Está muy bien construida y sin cabos sueltos, aquellos que suelen dejar al lector haciéndose preguntas que no deberían hacerse. Lo que sí es que te deja con ganas de continuar la aventura… ¿Y saben en cuanto fue que la compré? En veinte bolívares como lo escuchan, así que me quedó como para un cafecito en la panadería más cercana.

Axel Blanco Castillo

 

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