CRÓNICA NEGRA

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Hoy viernes cinco de Junio el profesor Tulio Obregón salió del trabajo y tomó una unidad de transporte. Venía pensando sobre los sucesivos hurtos de equipos importantes en los laboratorios de su liceo: computadoras, celulares, tabletas, entre otras cosas que algunos estudiantes de pocos escrúpulos sustraen. Recientemente un grupo de quinto había sido descubierto por una investigación del CICPC, y fueron detenidos, pero por intervención del DNNA, no se dictó sentencia de cárcel, sino de Labor Social; sostenían que no se les podía violar su derecho a la educación. Aún el profesor Tulio no había dejado de pensar en las desventajas de un régimen disciplinario tan flexible, cuando a través de la ventanilla vio a dos adolescentes aproximarse. A penas entraron vociferaron una advertencia conminatoria: ¡Quédense quietecitos todos! ¡Callaítos! ¡Que nadie entre ni salga! El profesor cuenta que no pudo contener el impulso de salir corriendo del autobús. Explica que no pensó en lo que podía pasarle si los jóvenes sacaban una pistola. Afortunadamente su impulso fue tan fuerte que empujó uno hacia la calle y el otro también salió de la unidad. Luego de correr despavorido cierto tramo, recordó que no le había pagado al chofer, y tras cerciorarse de que los sospechosos no lo persiguían, se devolvió y alcanzó el transporte. Al montarse no dejó de sorprenderle el hecho de que los demás pasajeros aplaudieran su hazaña.

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