CRÓNICA NEGRA

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17 de Junio 2015

No sé si alguien recuerda el eslogan que hizo famoso al Metro de Caracas: “El Metro, la gran solución para Caracas”. Crecí en ese entorno de orden, pulcritud y respeto. En diez minutos el gran gusano podía llevarte de Propatria a Palo Verde. Cuando entrabas a las instalaciones, te daba la sensación de estar en otro lugar del mundo. Un lugar lleno de paz y confort que te protegía de la selva de la superficie. Sus funcionarios pululaban por todas partes recordando normas e imponiendo el orden a la espera del tren, y sirviendo. Sólo eso, servir con la mejor cortesía y educación.

Hoy describir el funcionamiento del Metro, es un relato escabroso. Cuando se abren las puertas en cada estación, tiemblas de pensar en quién se monte. Sólo ayer estaba en la estación Caño Amarillo cuando dos personajes sombríos entraron. –Buenas tardes…gracias por sus buenas tardes GEN-TE BO-NI-TA… Pelen el oído porque no lo voy a decir otra vez…tengo algo aquí en la bolsa…quédense quietos como están… es por su bien, no quiero engorilarme… ese que está allá es mi hermanito… ¿no queremos que se engorile tampoco, verdad?…él es más arrecho que yo…acaba de salir de la cárcel…bueno, voy a sacar…(el vagón se zarandea un poco)…voy a sacar unos zarcillos y unas cadenitas que tengo por aquí, y todos, todos van a comprarla a cincuenta bolos…sí porque sí, ¿okey?… En ese momento se abrieron las puertas y me escape, no sé qué pasaría después. Pero cumplo con dicirles cómo están las cosas en el subterréneo.

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