SUPERVIVIENTE

Zombies_And_more_Zombies_by_boybalasa

Dedicado a mis hijos, que les gustaba mucho la película Soy Leyenda,dirigida por Francis Lawrence y protagonizada por Will Smith. Esta historia es inspirada en esa película.  

Hugo comenzó a ladrar como si estuviera reprochándole el retraso. –Tienes razón amigo, es hora de irnos. El reloj de John hizo bip tres segundos después, justo a las seis. Faltaba una hora para oscurecer. Estrechó la mano entumecida de Lautaro y besó a la preciosa Angeline. Ellos quedaron como de costumbre, inmóviles, silentes, mientras sus pasos se aproximaron a la caja. Sacó unos billetes y los extendió al también inerte y mudo cajero, incapaz de recibir un pago o teclear la registradora. -En este mundo ya nadie quiere socializar, balbuceó John, moviendo de un lado a otro la cabeza. -Feliz Navidad Charlie, gritó al personaje con sudadera al fondo del pasillo. Abrió las compuertas de vidrio todo lo que pudo, y éstas se cerraron lentamente y sin ruido, por su mecanismo amortiguador. Hugo salió disparado a la calle, ladrando. Presentía el peligro en las sombras de las edificaciones abandonadas. John abrió la parte de atrás de su vieja Runner y metió las compras. Desde los jeans hasta los sombreritos de navidad, todo consistía en regalos para Jennifer, Nina, el pequeño Bob, mamá y papá. Todo estaba completo salvo la carne para el banquete. Hugo no dejaba de ladrar pero quería cazar algo. De todos modos no iba a ser difícil conseguir alguna clase de ganado o antílope. Daba la impresión de que las selvas del planeta tuvieran el propósito de engullirlo todo. Fue por el caos que generó la propagación del virus FT. John sacó su Sonoran 550 y cartuchos. Caminó tres calles ignorando los ladridos enfebrecidos de Hugo. Vio una cebra rumiando entre dos autos abandonados. La precisó a través de la mirilla hasta que la cabeza ocupó el lente. Los ladridos de Hugo eran inquietantes. Lo hacía perder la concentración. Lanzó una mirada rápida y oblícua a su perro. Definitivamente no ladraba hacia la cebra sino a algo ubicado en su retaguardia. Sintió otra vez esa sensación de peligro que solía salvarle de cosas. Había algo agazapado esperando a que su presa hiciera un imperceptible movimiento. Hugo rugió amenazante hacia ella. Decidió girar sobre sí. Su punto de mira chocó con los grandes ojos de una leona. El magnífico ejemplar estaba indeciso entre la cebra y él. Se hacía difícil el tiro. Había muy poca distancia entre ambos. Quizás un máximo de dos tiros. Hugo atacaba y retrocedía. La leona comenzó a mover la cabeza entre tres trozos de carne. John no podía enfocarla bien y pensó que sería el fin. Justo en ese instante la cebra salió disparada y la leona detrás. Fue un alivio. Todavía Hugo ladraba del puro susto. El sol había menguado y corrieron a la Runner. Aceleró a cien por hora. Quedaban dos cuadras para llegar al refugio. La casa de un antíguo ministro devenido en zombi. Una vieja mansión enrejada como cárcel. Presionó el dispositivo y la reja principal se abrió. Faltaba sólo una calle cuando la última franja de luz desapareció. Hugo comenzó a gruñir al escuchar los bufidos. John giró bruscamente el volante tratando de evadir un poste caído y la Runner se volcó. El techo resbaló unos metros contra la superficie de la vía haciendo chispas. Hombre y mascota escapaban por las ventanas. Incontables zombis hambrientos en medio de la oscuridad.

Jhon había pegado la frente contra el parabrisas. Las bestias olían su sangre. Volteaba a cada tanto para calcular la distancia. No podía dar una aproximación de cuántos eran. Lo que sí sabía es que eran demasiados, también muy veloces, y de una fuerza sobrehumana. El gobierno aseguró que el virus FT: Furia de Transmutación, nunca sería usado en contra de la humanidad. Sólo de los terroristas que destruyen la propia humanidad. La usaron en su forma gaseosa, y sólo bastó bombardear una ciudad para que la infección se extendiera por todo el mundo. No les dio tiempo de arrepentirse de la salvajada. No escucharon las voces de sus científicos. Sus estimaciones. La verdad es que el virus fue creado con el propósito de curar el cáncer, pero falló como muchos otros. El gobierno hizo sus propios planes.

Jhon es presuntamente el único inmune de la tierra. No puede volverse monstruo, pero eso no significa que no pueda morir. Por esa razón corre y se lanza a las inmediaciones de la fortaleza. Presiona el dispositivo para que cierren las rejas. Hugo no fue tan rápido. Las bestias no le dieron tregua. Se infecta en segundos. Integra el resto de las huestes oscuras que escalan hasta la parte más alta. Buscan espacios desprotegidos, pero no logran entrar. Una lágrima desciende por la mejilla de John, que desestima ahora su vida sin el perro. Casualmente esa noche es Navidad. La mesa está servida y habla con su extraña familia  de maniquíes, sobre la posibilidad de escapar al amanecer. Todos votan conformes. Todos están de acuerdo con él.

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