TIRO PERFECTO

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Mike dispara a una silueta. Sus tiros dan al pecho y en la cabeza, casi siempre. Lo hace como si le diera a todos los narcos que han salido libres. En este país tiene que estar pasando una vaina bien arrecha. Cuando tenga un hijo no me gustaría que un narco le destruya la vida. Dispara otra vez con una mano. Dos detonaciones. Desliza la corredera. Recarga. Y piensa en la cantidad de zombis del Crac, que vagan por las calles. Niños que podrían estar estudiando o practicando un deporte. Los efectos del Crac son rápidos, pero de corta duración. Cuando mucho quince minutos de viaje. Lo fabrican mezclando restos de coca con bicarbonato de sodio, lo trituran. Lo introducen en una pipa cortísima que quema los dedos. ¿Resultado? Extraterrestres de labios partidos. Sin sueño ni hambre. Y con el tembleque de una adicción que nunca desaparece… Hace dos tiros más. Y camina diez metros de su ubicación, hasta otra silueta. Escribe un nombre sobre la parte blanca del cartón: LEPRA. Es el narco que monta sus plazas en los grandes liceos públicos. Lo hace porque son carentes de protección. Si acaso unos cuantos porteros desarmados, cagadísimos de todo lo que se mueve. O de cualquier carajito con mala facha. Tampoco son suficientes como para cuidar esa enorme extensión. En el liceo “Patria Bonita”, los malandros andan a sus anchas. Mike debe hacerles una visita. Hay un desconcierto general por los decesos de muchos estudiantes. Cada día la droga cobra sus víctimas…

II

La invade un ratón moral y engulle hasta el fondo su trago. Se maltrata el rostro quitándose el maquillaje de mala gana. Su boca grita en su mente. Recuerda la cara de un tuerto repulsivo que le metió los dedos en el sexo cuando se acuclilló. Otro de manos grasosas que tocó sus nalgas. Tiene una náusea permanente que no se quita, como si quisiera vomitarse a sí misma. Varios sádicos le han prometido formar parte de las estadísticas. Ella sabe quiénes son… Siempre se ponen muy cerca de la plataforma y la observan como perros premiados. Se mira otra vez en el espejo. Su imagen es de alguien que no reconoce. Enfunda un blu jeans, franela blanca y una gorra de los yanquis de Nueva York, y se siente mejor. Pasa por la oficina del encargado. Brayan saca una regordeta fajilla y cuenta cuatro mil. Extiende los billetes como si no quisiera entregarlos. Wanda lo mira directo a los ojos. –Son cinco mil, ese era el trato desde hoy… –Sí mi niña, pero hoy no puedo pagarte el aumento. – ¿Y esos billetes, Brayan?, ¿me ves cara de imbécil? ¡Hazme el favor y me pagas mi vaina! –No te pongas así, mañana te los doy. Lo juro por éstas… Él cruza los dedos y los besa, como si eso resolviera el asunto… – Es que nunca me pagas completo. Tengo una hija, sabes…bueno, eso no lo comprendes tú… –Pero mija, estás arrechísima, ¿y no te alcanza con el otro empleo? – Ya te he dicho que la docencia no da para comer. En otras circunstancias estaría a kilómetros de esta mierda. Con rabia arrebata el dinero y atraviesa la puerta…

III

-Todo cuerpo puede mantenerse en movimiento si se le aplica una fuerza. Por eso mismo, si el cuerpo está en reposo, no puede cambiar por sí sólo su estado inicial. En la figura 89 del libro… Rosie recibe algo por Wasap. Es un video que tiene su mejor amiga. Ella lo ha recibido a su vez de otro que casi ni puede contenerse la risa. -El vehículo que observan mantiene una trayectoria recta y velocidad constante… ¿Alguien sabe cuál es su aceleración? Estallan las carcajadas. –Hay un grupito que no le interesan las leyes de Newton. Me refiero a tí, Efrén, Jefferson, Heber, Jorge… ¿qué les pasa? Hay una tensión que puede sentirse como un nailon que llega al punto máximo de estiramiento. Rosie le cuesta creer que esa mujer desnuda sea su progenitora. La que deja que la nariz de un tipo se sumerja entre sus senos. La que casi se masturba con una barra de metal, y sonríe como ninfómana. Pero es ella, definitivamente. Su profesora de física. Su madre. Rosie arma una carrera. La vergüenza es una mancha que sale del video y la persigue. Wanda se dio cuenta que la distracción fue producto de un móvil que rondaba los pupitres. Debía tener algo terrible como para hacer que su hija saliera corriendo. Lo arrebata de las manos de Jeferson. Bastó una ojeada para sentirse indefensa. Avergonzada. Las carcajadas no tardaron. LA PROFE WUANDA ES UNA PROSTI. SÍ UNA PROSTI PROSTI PROSTI… Salió envuelta en una lluvia de bolas de papel. Wanda buscaba a Rosie por los pasillos. La encontró en el baño y salieron a la calle. –Suéltame Wanda, suéltame. Eres una mentirosa. Cómo me has hecho esto, avergonzarme así… Me dijiste que dabas clase en la Misión Sucre, no que eras una prosti. –No soy una prostituta Rosie, soy strippers. –No sé cuál es la diferencia. –Es mucha, yo no me acuesto con los tipos, solo bailo. –Por qué no lo dices completo, bailas como Dios te trajo al mundo. –Bueno, ha sido la manera de mantener la nevera medio llena. Recuerda que tu padre era el que nos ayudaba. Desde que nos abandonó mi sueldo no es suficiente. Tú lo sabes. –Pero te has acostado con alguno, ¿verdad? –No, Rosie, no digas eso. Sólo bailo. Mírame a los ojos hija… yo lo que hago es bailar. –Pero te quitas la ropa frente a esos tipos, mamá. Eso es obsceno. –Tienes razón, pero comprende que lo hago para mantenernos a las dos…

IV

Cinco y media de la tarde. Hora de salida. Natasha busca con la vista la moto del Lobo y no la ve. Es raro que no esté. Que no la haya pasado buscando. Ella sabe dónde vive y se aventura. Toma la camionetica y llega al barrio La Silsa. Distingue casi en la cumbre un racho de bloques color salmón, con algunas manchas de cemento, como si alguna vez intentaron frisarlo y se arrepintieron. Algunas veces la ha llevado allí y han pasado el día cogiendo. Sus piernas. Dos esqueléticos ganchos, se apresuran por los peldaños. Llega al pico del cerro bañada en sudor. Un tipo le abre apenas toca. Es uno de los raros amigos de su novio que se baja una botella de ron. Sus ojos lamen su trasero y sonríe. –Pasa caramelito, tu papi taladra hondo allá adentro. Si quieres lo imitamos…Ella lo acuchilla con la mirada y traspasa la cortina que hace de puerta. No sabe qué decir o cómo reaccionar… El Lobo se tira a una compañera de clase, parado, y contra la pared. Ella grita como si la matara con su estaca de carne. Pero no es más que placer. Sus brazos la toman en peso por unas nalgas sudadas que tiende a resbalarse. Coge impulso en un mecanismo repetitivo que la ensarta. Natasha lanza un alarido. Y otro. Son sonidos de furia que agitan el aire. Corre por ese barranco atestado de tierra y rocas, que improvisan los peldaños de una escalera infinita. Llega a su casa directo al dormitorio. Su abuela, la única persona que ha estado con ella, vislumbra que algo le sucede. No le gusta verla así, suele inventar cosas. Una vez la salvó de un veneno de rata que estaba a punto de ingerir. Otro día se cortó una vena facial en medio de la frente. Hace un gesto de espanto recordando el último incidente de su pobre nieta, huérfana.

V

Natasha no entra a clases. Se queda durante horas sobre un banco cerca de la cantina. Wilker sale de matemáticas y la ve. Compra dos barquillas y se sienta a su lado. –Toma, te compré otro helado. – ¡Déjame en paz, carajito! ¡Quiero estar sola! –Lo sé, estás triste, pero no hay nada mejor que un helado para aclarar las cosas… La profe Wanda llega a la cantina con la directora. Se disculpa con ella, por lo del video. Le dice que es una cruel venganza, por las notas que le puso a los chicos. Que la física es una ciencia que requiere mucha dedicación. Y ella no premia a los flojos. Por eso la odian. –Mana, siempre has sido mi amiga, pero yo no sabía esa vaina tuya. ¿No sabías las consecuencias? –Siempre he sabido las consecuencias Tibizay, pero el hambre puede más. Tengo veinte años en la docencia y gano menos que una obrera. Tengo que pagar alquiler, mantener a mi hija, comprar comida…-Lo sé amiga, pero no tenías que prostituirte, me hubieras dicho. – Y quién te dijo que yo vendía mi cuerpo. Lo único que hago es bailar. –Sí, pero eso no lo entiende el Ministerio. Eso no lo entiende la Comunidad Educativa. Y menos esos niños que apenas han visto las pantaletas de su mamá.  Lo siento muchísimo, amiga, pero si no reporto esto, me puede costar el cargo. Tengo que sacarte del aula… Lo lamento muchísimo… Tibizay la abrazó mientras ella hacía un esfuerzo por no llorar. –Sigues contando conmigo para lo que sea. No te pongas así…trata de pensar en otra cosa. Wanda se quitó las lágrimas con las manos. Mira, ya sé cómo vas a despejar tu mente un poco, ayúdame a atender al inspector Mike Camacho, viene dentro de una hora. Quiere investigar sobre el tráfico de drogas que tenemos aquí. –Pero yo… -No me importa que estés suspendida, quiero que me ayudes. Además, el tipo es guapísimo, te va a gustar… Natasha tomó la mano de Wilker. -Tenemos que aprovechar la visita de ese policía y acusar al Lobo. Todavía amaba al Lobo, pero su necesidad de venganza, por la traición, era más fuerte.  –Es peligroso Natasha. –Peligroso es que siga envenenando a nuestros compañeros con esa basura. Wilker se tensó, nunca esperó tener que decirle nada a nadie. Tenía miedo de lo que le pasó al último soplón. Se llamaba Rainer Pinto, un taco en matemáticas. Pero un mal día vió cómo el Lobo le daba una pipa a su novia. Lo amenazó con acusarlo, si no la dejaba tranquila. Esa madrugada su rancho ardió con toda su familia dentro. Los periódicos lo reseñaron como Infierno en Lídice. -Es chimbo lo que le pasó a la profe Wanda, ¿verdad? –Sí, es chimbo, me gustaban sus clases. Natasha lo empujó. Sí ya está que te gustaban sus clases, te gustaban sus piernas. Wilker hizo un guiño pícaro. Natasha tomó su mano y buscaron a Tibizay. En pocas horas, el detective Mike supo que el Lobo era el que introducía la droga al plantel. El único enlace con Lepra.

VI

Cerca de las dos de la tarde del día siguiente…

Un escándalo en el liceo. Mike y sus agentes corren hacia el alboroto. Los estudiantes están aglomerados en la puerta del baño. Los agentes los dispersan. Muchos lloran. Una obrera está en shock, muy cerca de los urinarios, donde están los cuerpos. Sus compañeras tratan de calmarla, pero quería mucho a una de las víctimas. Al más pequeño, al chico. Se trata de dos cadáveres abiertos, a nivel del abdómen. La sangre avanza en el piso como un ser vivo. Sacan a la obrera, que se encuentra fuera de sí. Harold se puso los guantes de látex y toca los cuerpos. –Mire el corte, inspector. El que hizo esto quiso que los chicos sufrieran mucho. Rajaron para que los tejidos se abrieran lentamente, produciendo mucho dolor, por presión interna. Partieron sus piernas para que no se movilizaran. Luego cerraron la puerta. –Pero es que ni siquiera gritaron desde dentro, quizás alguien los hubiera escuchado, dijo Tibizay, perturbada. Tenía náuseas. –Pero tampoco pudieron pedir auxilio, directora, mire esto… Harold mostró el interior de sus bocas. Tibizay salió del baño en vómitos. Las lenguas de Natasha y Wilker, habían sido cortadas.

Mike conectó rápido los asesinatos con el Lobo. Metiéndose en la mentalidad criminal, como solía hacerlo. Debía ser un ajuste de cuentas por soplar a la policía. Él mismo había recibido las valiosas declaraciones de los chicos, por escrito. De cómo iniciaban a los adolescentes en el Crac, aprovechando sus debilidades. Les regalaban su primera pipa con las primeras caladas. Y cuando regresaban por más, los ponían a trabajar por su dosis. Mike tenía para encerrar al Lobo, unos cuántos años. Si es que se lo permitían esos tribunales diabéticos que se dejan sobornar por cualquier dulce. Por lo pronto, tenía que encontrarlo. Y lo presionaría hasta que delatara al propio Lepra. No imaginó que el destino de esos criminales, tuviera un desenlace distinto.

VII

La noche del viernes, Wanda salió como doctora perversa. Abrió su bata y bailó con lencería negra. Había algo raro en el ambiente. Quizás por muchas caras nuevas. Por un momento creyó que estaban algunos de sus alumnos en una mesa y tembló. Hubiera sido continuar la pesadilla del liceo. Fue en ese momento cuando alguien la tomó de brazo. No pudo reaccionar por varios segundos. El Lobo la saludó con una retorcida sonrisa. -O vienes, y te tomas un trago conmigo, o te visito en el camerino. Tú eliges. Ella prefirió sentarse en su mesa, apenas terminó el número.

El sitio se llenó de gente conocida. La directora Tibizay estaba en una mesa con los profes Norma y Ramírez. Al fondo del local, sentados cerca del baño, Mike y Harold. Todos aspiraban hablar con Wanda. La directora venía a decirle que había hablado con alguien pesado para que no la suspendieran. Pero le salía un traslado a otro plantel. El inspector sólo quería tomarse un trago con ella e invitarla a salir, aunque al aguafiestas del Harold no le gustara.

Wanda termina el número y sale con la ropa de siempre, y su gorra de los yanquis. Tibizay la reconoce. Comienza a recorrer su trayectoria con la vista. Alarmada ve que se sienta en una mesa con el Lobo. Sabe que es él, porque alguna vez fue un estudiante del liceo. Saca el teléfono para llamar a Mike, pero la señal sale bloqueada. Crece la angustia mientras va desentrañando las intenciones de aquel delincuente. Se levanta y trata de salir del local, atestado. Mike la intercepta. La lleva a su mesa. Harold la saluda. Ella no tiene tiempo para las formalidades: -Vine para hablar con Wanda y vi que se sentó en una mesa con el Lobo… Harold interrumpe. –Vio jefe, lo que le decía, esa puta es cómplice. –Está equivocado, detective, Wanda no está involucrada con el Lobo. La busca porque quiere vengarse de alguna forma. Ella fue su profesora y tuvo muchos problemas con él cuando estudiaba en el plantel. Además, la agarró del brazo de forma muy violenta, y la sentó a su lado. Deben ayudarla, por favor, detective Mike… Tibizay indicó la ubicación de las mesas. –Carajo, allí también está Lepra, dijo Mike. Llamó por radio a las unidades. Tibizay se marchó con sus colegas antes de que empezara la plomazón.

–Sabes que estás bien buena, profe. Estás más rica que la Johansson esa de los Vengadores. Wanda no decía nada, pero sus esfínteres se debilitaban por los nervios. Casi se orinaba los pantalones. -Qué te parece Lepra ¿no está podrida de buena, ah? –Si te la quieres comer, cómetela, no tengo problema con eso. Me encantan las sobras… – ¿Qué es lo que te pasa Manuel? ¿Para qué me llamaste? ¿Qué quieres? –Gua esta putica está alzá. –Tranquilo Lepra, soy bueno con las fieras. Tú sabes a qué vengo Wanda. Tú me la hiciste con mis padres. Dejaron de confiar en mí porque siempre les decías vainas malas. Me raspabas la materia cuando te daba la gana, ¿no? Bueno, ahora voy a cobrármelas. Vas a convertirte en mi puta personal. –Primero, esto no es un cabaret. Es un bar de baile exótico. Y segundo, tú eres un abusador. No tienes derecho a obligarme a nada. –Tú tampoco tenías que meterte en mis vainas.-Era muy diferente Manuel, era tu profesora de Física. –Pero ahora no eres nada, te dije ya… El Lobo haló su cabello. – ¡SUÉLTAME! ¡ME ESTÁS LASTIMANDO MANUEL! –Elmío, vámonos con esta zorra pa’ los Chorros, dice Lepra. Lobo saca una nueve plateada. Ahora ella no se resiste. Siente que sus pantalones se le mojan. Lepra recibe una llamada. -Llegaron los pacos. – ¿Cuántos? –Son burda, líder. El Lobo comprime el brazo de Wanda. La policía entra y las balas llenan el aire. La gente sale reptando, aterrada. La banda de Lepra dispara con 9 milímetros y metralletas MP40. Pero la ventaja numérica se impone. Los elementos de la banda caen o se rinden. Comienzan hacer fila con las manos levantadas. Afuera los esposan y los meten en las patrullas. Pero los cabecillas aún no salen…

Lepra apunta a Harold, que se encuentra herido de un brazo. Cree estar bien resguardado detrás de una columna, pero no es así. Mike logra asestarle una bala a Lepra antes de que éste dispare. Es una muerte instantánea. Lobo mira a su jefe caer y dispara como loco. Tenía a Wanda abrazada a manera de escudo. A esa distancia, era difícil para Mike, poner una bala en la parte del cuerpo que no tapaba la chica. La otra alternativa era la cabeza, que tampoco prometía mucho, por ser anormalmente diminuta. Como si la hubieran apretado demasiado al nacer. Usa toda su concentración. Sus ojos se achican graduando lo más posible la visión y asesta el tiro. Un tiro perfecto. Sí, el mejor que le ha salido en toda su carrera como policía. Ya no hay nadie de la banda que le haga frente. Y Wanda avanza hacia a él, dibujando un rictus de desconcierto. –Ha sido terrible, ¿verdad?, le dice, como en otra dimensión. –Sí, Wanda, toda la pesadilla acabó. Por fin. Detecta la sangre y la carga. Los quiroprácticos, como una intervención divina, paran el derrame que sale de un costado perforado, y la llevan al Clínico.

Llega al carro y Harold está allí con el brazo izquierdo vendado. –Coño, estás aquí, deberías estar en un hospital. –Tranquilo, los quiroprácticos me vieron el brazo. La bala solo rozó. Desinfectaron la herida y me agarraron tres puntos mínimos. Pusieron demasiado vendaje, ¿verdad? -Quejode. – ¿Y usted?, salió ileso, como siempre. -Cuestión de técnica Harold, y mucha precaución. –Jefe… gracias por salvarme otra vez. Si no es por ese tiro, no la cuento. –De nada compañero, para eso estamos, para salvarnos el pellejo, de vez en cuando. –Y usted tenía la razón con Wanda. –Te lo dije, era inocente. –Pero sigo pensando que no le conviene una strippers. No son mujeres de hogar. –Y que sabes tú, Harold, qué sabes tú. Ella tiene una hija. Debe ser una madre excepcional. Todo es cuestión de invitarla a salir. Conocerla más. Mañana la visito en el Clínico. – ¿Es en serio entonces? –A vaina, Harold, tú como que eres medio pato.

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Un pensamiento en “TIRO PERFECTO

  1. 2012-10-18, JemyM säger: ”Största Fantasy Fantasy Ondingen” rent bokstavligt mÃ¥ste vara Sin ur Final Fantasy X. Det är ocksÃ¥ ett av de mest firseofiska/loligiösa koncepten av onding jag sett i ett spel. :)Kruxet med god är väl att godhet är sÃ¥ subjektivt men de flesta spel har en god hjälte och dessutom har ett gott slut. Men man kan ju slänga med personer som reder upp situationer de rÃ¥kar hamna i som Nathan Drake.

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