NO TOQUES A MARY WATSON

Vincent_Giarrano_09

Imágen del artista Vincent Giarrano

No podemos despreciar un pequeño resquicio
cuando el peligro nos persigue.

1

Mensaje recibido…

Mary cierra la regadera y aguza el oído. El celular vuelve a sonar y alarga el brazo. Toma la toalla colgada en el dispensador y envuelve su larga cabellera rubia. Sale. Mete sus pies en las pantuflas. Se pone la bata de paño para absorber la humedad y no chorrear el piso. Camina rápido hacia la cómoda. Toma el inalámbrico. Tal vez sea su agente para lo del contrato con la disquera mejicana. Pero es un número desconocido…

HOLA. HOY TE VI CUANDO SALÍAS DEL CANAL…

-Otra vez ese tipo. Quién le habrá dado mi número. Los acosadores siempre surgen en la vida de Mary Watson. Su carrera como actriz le dio tanta popularidad que a veces tiene miedo de lo que le pueda pasar.

¿POR QUÉ NO RESPONDES?

SÓLO QUIERO HABLAR CONTIGO…

-El problema de estos tipos es que si no le respondes te siguen llamando y persiguiendo.

–Oye, ¿quién eres tú, dónde conseguiste el número?

–TÚ ME LO DISTE AQUEL DÍA, ¿NO LO RECUERDAS?… AH, LO QUE PASA ES QUE TE TOMASTE VARIAS COPITAS, JE JE. Y NI HABLAR DE LOS POLVITOS QUE TE INVITÉ…

-Mire amigo, ahora no puedo atenderle, estoy a punto de salir a una grabación. Si lo que quiere es que le firme un autógrafo, tendrá que esperar su turno a las afueras del canal.

-NECESITO DECIRTE ALGO…

Mary corta la llamada. Siente otra vez esa sensación de inseguridad. La impresión de haber hecho una gran estupidez. Las noches de locura siempre le cuestan caro. Obliga su mente a recordar. Las imágenes le vienen fragmentadas… Salió del canal después de la grabación. Estaba feliz porque habían terminado el último capítulo de la telenovela y los tragos cayeron por cuenta del productor. Se vino casi todo el elenco. Recorrieron varias tascas de un centro comercial del Este, y terminaron en una discoteca en planta baja. Recuerda que combinó el Mojito con el Daiquirí, y cuando se dio cuenta, estaba borrachita de pila, bebiendo un Manhattan. Qué me quiere decir este tipo… Su voz me es familiar… Recuerda que fue al baño. Sus compañeros y el mismo productor le ofrecieron llevarla a casa, pero ella dijo que todo se le pasaría en el baño. Allí se relajó, dejó de disimular la borrachera que sentía. Le daban ganas de mojarse la cabeza y la cara, pero se le echaría a perder el peinado y el maquillaje. Se sentó sobre la tapa de la poceta, y miró a la última zorra salir con cara de chiste. Se inclinó en el lavamanos y metió los dedos para vomitar, pero no salía nada. Fue allí cuando ese sujeto la sorprendió…

-Guau, qué bella eres en persona. Disculpa por meterme en el baño de damas, pero afuera es imposible escucharse, y quería conocer a la actriz más talentosa de la televisión. Ella sonrió y sus ojos centellearon un azul propio. Era un hombre alto, cabeza rapada, ojos vivos, traje formal pero sin corbata, y con una gran cadena en el pecho. Posiblemente enchapada en oro.

–Gracias por lo de talentosa, pero ahora me siento algo indispuesta para escribir autógrafos. El hombre saca un pequeño estuche de metal cromado y lo abre. Hunde una pequeña cucharita y se la acerca. Parece talco o leche pulverizada. Pero todos sabemos lo que es…

-¿Sabes qué es esto?, te va a quitar lo que tienes.

-Yo sé qué es, pero prefiero un trago.

-Hazme caso. No me digas que quieres salir de aquí haciendo el ridículo.

Mary mira directo a sus ojos. Luego detalla la puerta. No ve a nadie entrar y esnifa por una fosa. Le pide otro poco y lo hace por la otra, con habilidad de adicta. El hombre sonríe.

-¿Cómo te llamas?, le dice ella. Le parecía haberlo visto antes.

-Llámame Héctor, belleza.

– ¿Héctor qué?

-Solo Héctor…

-Mira solo Héctor, ¿vienes solito a divertirte a este lugar?

-A veces sólo o acompañado, pero siempre estoy aquí, soy dueño de este lugar.

-¿Qué eres el dueño del baño para damas?

-Ambos soltaron carcajadas. Obvio que ella entendió bien lo que dijo.

-Bueno…entonces tienes que invítarme un trago.

-Sí pero no aquí, en un lugar más exclusivo.

La opacidad que había en sus ojos se aclaró. Sintió que su mente recuperaba el control de sus movimientos. Salieron del baño y les presentó a sus colegas actores.

-Chicos les presento al dueño del Discovery Bar.

–Un placer amigo… encantados… un honor…

-Igual para mí, dijo Héctor, mientras le hacía gestos al barman.

-Rafa, voy a salir por un rato, atiende bien a los amigos de esta mesa. Son estrellas de la tele, okey. Todo lo que pidan va por casa.

Héctor tomó de la mano a Mary, y salieron del local por una puerta trasera, que los ponía justo dentro de un edificio residencial. Subieron un piso dentro del ascensor. Héctor abrió una puerta. Sistema de seguridad. Piso de granito. Alfombras persas. Muebles de terciopelo color marrón. Paredes llenas de adornos y pinturas. Puso música: Sexual Healing de Marvin Gaye. La llevó a la cocina. Sacó calamares de la nevera, salsa rosada, un poco de Roquefort, botanas, y descorchó Champagne.

Mary entonces recordó…

-AHÍ NO, COÑO, NOOOO. La cama de Héctor. Aquella lengua carrasposa en su cuello. El espejo pegado en el techo del cuarto. Los cuerpos de ambos, desnudos, cogiendo con la potencia de la comida. Las copas. Las rayas de coca sobre una escudilla de plata.

POR QUÉ LO HICISTE MARY WATSON. OJALÁ QUE ESE TIPO NO TE HAYA PEGADO UNA MALA VAINA.

2

La gente suele equivocarse. Pero cuando no puede enmendarlo, cuando no puede hacer nada al respecto, deja un sabor amargo en la boca. Se convierten en payasos montados en un maldito trapecio.

Mensaje recibido…

Es una foto…

Ella desnuda en la cama. Su cara dentro de la bandeja de coca.

Otra…

Su nariz empolvada, ojos en blanco, la boca abierta y Héctor montándola por detrás.

Dos más…

Ella vomitando con la cabeza dentro del escusado. Y en la ducha, sostenida de las llaves para no caerse, defeca sus eses líquidas que hacen un gráfico en sus piernas.

Última…

Desnuda. Piel de porcelana sobre la cama, abierta de piernas, con el sexo en flor.

Hay un texto…

-Quiero que vengas a mi negocio, ya mismo. No me hagas usar estas fotos…
Mary tiembla y toma el teléfono. Busca en la agenda el número de su hermano.

– ¿Aló?

–Hola Iván.

–Hola Mary… oye, cuanto tiempo. Qué te pasa… ¿estás metida en algo?

–Necesito verte…

En un Café, en pleno Boulevard. Sentados en unas mesitas al aire libre. Beben dos marrones fuertes. La gente metida en lo suyo. Ellos parecen dos comics grisáceos en un fondo lluvioso con edificios recién frisados.

–Iván, gracias por venir. Te llamé porque tú me dijiste que…

-Que podías contar conmigo, sí. Eres casi mi hermana. Nos criamos juntos en el maldito orfanato. ¿Qué te pasa nena, alguien quiere lastimarte? Mary llora. Tiene una crisis de nervios e Iván la abraza. Su alter ego se asoma por un resquicio del subconsciente…

–Ni lo pienses Valdemar, ella es mi hermana. Prometí que la protegería, ¿está claro?

-Quiero que me ayudes, hay un tipo que quiere controlarme con unas fotos que me tomó. Cometí el error de quedarme con él una noche. Mira… Mary le dio su móvil para que viera las fotos. –Me da mucha pena que las veas, esas fotos son muy explícitas, ¿verdad?

-Sí, es indudable que fueron tomadas por un psicópata.

–JA JA JA JA, NO ME HAGAS REÍR, ERES UN MALDITO HIPÓCRITA.

– ¡CÁLLATE VALDEMAR!, responde mentalmente Iván.

Mary sigue hablando. –Iván, quiere que vaya al Discovery Bar. Me está esperando y… si no voy… creo que puede venderlas a la prensa. Ay Dios mío, Iván, si esas fotos llegan a los medios, se acaba todo para mí. Mi carrera. Mis sueños. Creo que soy capaz de hacer todo lo que me diga ese degenerado.

-¿Cómo se llama?

-Héctor.

Iván lo conoce. -Sí, ese tipo es un famoso proxeneta. Se había metido en problemas por eso mismo. Hace un año salió en los diarios. Parece que varias familias se unieron y lo denunciaron por extorsionar algunas chicas. Las había enrolado en su selecto club de zorras. Ganó el juicio por falta de pruebas que lo conectaran con el negocio.

-¿Y los testigos?¿No hubo testigos?

-Para el juez no fueron suficientes las acusaciones de las chicas y otras personas. Aunque todo el mundo sabe que el Discovery Bar, no es sólo una discoteca. Es un prostíbulo de lujo, para el que pague más, ¿entiendes? Lo más probable es que desee que trabajes como su favorita, por tu fama. Los hombres poderosos de la ciudad pagarían cualquier suma por follarse a la protagonista de la novela de las nueve, ¿no crees?

– Cómo hago entonces. No quiero que ese tipo me utilice pero… tampoco voy a permitir que esas fotos se publiquen. Si el precio es ser una de sus putas… tendré que hacerlo, hermano.

-Oh Mary, ojalá pudiera darle una paliza a ese tipo y recuperar las fotos, pero estas manos solo sirven para escribir. Aun así conozco alguien que nos podría ayudar…

–Nones, no me metas en tu numerito de héroe.

–Necesito que me ayudes Valdemar. Siempre te doy lo que me pides.

–Es falso. Qué con tu hermanita del hospicio. Qué con tu cachonda editora. Qué con tus fans.

–Ellas están prohibidas para tí, ¿está claro? Silencio Largo. Iván observa la cara de desespero de Mary.

-Valdemar, reconozco que no siempre te doy lo que me pides, sabes que nunca he estado de acuerdo con tus cochinadas.

–Pero te beneficias con las mierditas que te doy, ¿no?

–No vamos a comenzar con eso ahora…okey, tu ganas, si te encargas de Héctor, te permitiré una de mis fans.

-¿A cuál? Me encanta aquella rubia medio pendeja que se babea por tí, ¿recuerdas? La que te he pedido cientos de veces…

-¿Mimí, la que se viste de negro, la gótica?

-No, pendejo, esa se pinta el cabello. Es la rubia verdadera. La que siempre usa vestiditos pasteles y tiene tatuado los dos brazos.

-Ah, Liana. Pero ella es la hija de mi editora, no puedo permitírtelo.
Largo silencio. Hay una lucha dentro de Iván.

-JE JE, AHORA ESTÁS EN UN DILEMA CABRÓN. ¿NO SABES QUÉ HACER? ¿QUIERES QUE SALVE A TU SABROSA HERMANITA? ENTONCES TIENES QUE DARME A LIANA.

–Está bien Valdemar…

Mary termina su café. Su mano tiembla al levantar la taza. -Entonces, qué crees, ¿me voy con Héctor?

-No vayas, contáctale por teléfono. Dile que irás mañana, que hoy tienes que grabar. Dame el día para que un amigo mío, le haga una visita.

-Buena idea. De hecho, hoy comienzo a grabar una nueva temporada de la telenovela. Pero dile a tu amigo que no se confíe, ese tipo es un mafioso, debe tener hombres y muchas armas.
Mary se levanta y le da un beso en la mejilla. Iván la abraza. Ella tiembla en sus brazos y entra en crisis. Comienza a llorar y a mojarle el hombro. –Gracias porque puedo contar contigo hermano, le dice. Luego se va. Iván paga la cuenta y coge el camino contrario.

3

Las vainas malas se nos presentan cuando menos sospechamos. Sí, parece un refrán de la abuelita, pero cierto. Los engendros no sólo salen en las oscuras torres de Stephen King, también se aparecen a plena luz.

Mary se monta en el carro. Gira la llave y aprieta el acelerador para calentar. Sintoniza la emisora de Jazz que le gusta. Mira por el retrovisor, para retroceder, y ve alguien en el asiento de atrás. La apunta con una bereta. –Oiga mi diabla, no se me ponga berraquita, que la voy a llevar con el jefe. Métase por la vía, pues, pa’ el Discovery Bar.

Mientras conduce suena el celular. El colombiano se inclina sin dejar de apuntarla y toma la cartera que está a su lado, en el asiento delantero. Toma el aparato y mira el mensaje.

-Es de su chamba, pero hoy está de vaca, ¿no? VEA PAL FRENTE BECERRA QUE VA A CHOCÁ.

Salen de la autopista y llegan al local. Afuera tres hombres de traje, obviamente armados.

-Siga, pues, chibita. Pal estacionamiento, no lo ve…es esa vaina oscura de allá…muy bien…estacionese allí…

Adentro todo sigue oscuro. Los antros son así, como una noche eterna. Algunas luces blancas y muchas otras de colores dan una tenue claridad. Héctor está sentado en una de las mesas. El colombiano le pone a la chica en frente.

-Guau, estás casi sin maquillaje, pero sigues bella. Siéntate mi corazón, ¿quieres tomar algo? Mary lo atraviesa con la mirada.

–Así no me mirabas aquel día. ¿No te quedó el saborcito de esa cogida que te dí?

-Dame todas las fotos que tomaste, abusador. Dámelas para irme a mi trabajo y todo quedará aquí, no voy a denunciarte.

Héctor miró al colombiano y lanzaron estruendosas carcajadas.

-Colombia esta caraja no sabe con quién trata.

-Sisas, la berraca se fumó una lumpia.

-Mary, vas a hacerme unos trabajitos con unos clientes muy poderosos. Si obedeces, te daré las fotos. Levantó la mano con las imágenes que podían destruir su vida.

-Héctor, he trabajado duro. Hice estudios de arte dramático desde muy joven. Me esforcé para poder brillar. Rechacé muchas propuestas indecentes para tener los papeles estelares. Preferí escalar yo misma. Fue duro pero al fin llegué donde estoy. Y ahora tú quieres simplemente que me convierta en una puta. Tú puta. De verdad eres un ser miserable y bajo.

Una mesera llegó con los tragos. La miró extraño. Como si quisiera decirle algo.

–Aquí están, patrón.

–Ponlos en la mesa y vete. Dile a Fran que no abra todavía.

–Sí patrón, luego voy al baño, tengo una diarrea tremenda.

–Coño Fabiana, no digas cochinadas, estoy bebiendo. Mary y la mesera intercambiaron miradas.

-Mary, no es por mucho tiempo. Dame un año o dos y te doy las fotos. Lo que pasa es que ya te ofrecí y me dieron un buen adelanto. Ganarás un diez por ciento de todo, ¿trato hecho?

-Eres un maldito. Dudo que me entiendas o comprendas lo que significa mi trabajo. No sé de dónde saliste, pero creo que te he visto antes de aquella noche.

– Yo siempre he estado aquí, cariño. Este este mi negocio y tú viniste a buscarte líos.

-¿Líos? ¿Qué líos Héctor?, ¿qué mierda te hice? Sólo vine a celebrar con mis amigos. Tú me seguiste al baño. Me diste droga. Me llevaste a tu departamento.

Héctor se tomó un trago y prendió un cigarrillo. Le dijo al colombiano que los dejara solos.
-Cariño, te diré la verdad…creo que sí me conoces… Me volviste loco cuando te ví en la tele. Inconscientemente me acostaba con tipas que se veían como tú. Una vez fui a buscarte a ese canal, y te invité un café. En aquella época tenía cabello y era más grueso, aunque no tenía la plata que tengo ahora. Pero te llevaba regalos. Adornos florales. Como dos veces salimos pero tú preferiste al galán que grababa contigo. Un tal Juan Carlos. Uno de esos mariquitas metrosexuales. Yo era tan inseguro que te dije un nombre falso.

Mary se quedó pensativa y entonces recordó. – ¿Tú eras Logan?

-Sí, fui tan pendejo que te dí el nombre de mi superhéroe favorito, Wolverine.

-Por qué no me lo dijiste aquella noche.

-Porque nunca te lo pensaba decir. Además ya tenía planes contigo. No sé por qué te lo digo ahora.

-Pero tú no sabías que vendría.

-Me fascina tu inocencia. Conozco a tú productor, él ha venido varias veces al local. Me enteré que terminaban la telenovela y lo invité a venir. Le dije que los trajera para acá. Que se asegurara de que vinieras, que te quería conocer especialmente.

-Bueno, y por qué tanta la maldad. No llegamos a nada y ya. A muchas personas les pasa y siguen su vida.

-Te parece poco haberme cambiado por el marico aquel. No cariño, tengo que mostrarte lo que hago con una mujer que me rechaza. Esta noche viene un ministro muy poderoso y te irás con él. No quiero escenitas.

4

La noche cae sobre la ciudad. La autopista perece una serpiente bioluminiscente que avanza sin cesar. Los edificios parecen árboles de navidad. La parte más pobre de la ciudad se recoge. Cierra sus puertas. Advierte la presencia del mal. La otra parte. La más rica y bulliciosa, sale a riesgo de todo. Creen que de alguna forma quedaran librados de la ruleta rusa. La que decide quien vive o muere. La mafia es una mujer traicionera que lo quiere todo. Maneja a los hombres como marionetas. Los pervierte. Los enajena con la ilusión de poder. Pero se da el gusto de prescindir de ellos cuando quiere.

-¿Por lo menos puedo ir al baño?

Héctor asiente y llama al colombiano con un gesto. -Mira, necesito que lleves a la gran actriz al treinta y dos. Héctor saca la llave del manojo y se la da. –La dejas encerrada hasta las once más o menos. Ya sabes, hasta que el ministro llegue. -Espera que salga del baño. Quizás tenga ganas de cagar.

–Sisas Jefe.

Los brazos sobre el lavamanos. Las manos de Mary tiemblan. Se obliga a resignarse a lo que le espera. Una vez tuvo un mal episodio sexual con un novio. Tenía apenas dieciocho. Él la forzó hacer el amor y lo que hizo fue maltratarla allá abajo. Cortó la relación, pero le costó mucho superarlo. Ahora imagina los maltratos que podría recibir de los futuros clientes. Lo más probable es que se lo hagan como animales.

La mesera Fabiana entra, le dice que es un oficial encubierto y que es un honor conocerla.

-La ayudaré a escapar, le dice.

-Oye muchas gracias, ¿pero cómo?

-Atrás está el escape de emergencia. Sales del baño y tomas el sentido contrario. Pero aun no, yo te digo… Espérame. Veré que puedo hacer para distraer a Héctor y al colombiano.

Pasan los minutos y la detective no regresa.

Mary escucha el tiro y sale. A medida que se aproxima a la mesa, observa el cuerpo de la chica en el piso, con un tiro en la sien. Sus ojos desorbitados. La sangre formando un charco alrededor del cuerpo.

-¿Mary, sabías que esta perra era de la Disip? Ella no podía articular frase. La sangre. El cuerpo que hacía un momento conversaba con ella. Era lo que necesitaba para entender de lo que Héctor era capaz. Y que no sólo se trataba de proteger su vida pública, sino la propia vida.

Héctor le dice a Colombia que se lleve el cuerpo. Las pocas pertenencias de la detective están puestas sobre la mesa. Placa, pistola Ruger SP101, grabadora conectada a un micro-receptor a través de un cableado extrafino. Todo lo tenía debajo del bluyín y dentro de la pantaleta. -Limpien todo, quemen toda esta vaina.

-¿Qué dices Mary? ¿Entiendes lo que puede pasarte, si no cooperas?

-Bueno, eso es de esperarse de tí, eres un rufián. Y los rufianes matan a la gente decente. Eso me lo enseñó mi madre desde pequeña. Héctor la agarró por los cabellos. Su mano dio varias vueltas tensándolo más fuerte.

-¡AYYY! ¡SUÉLTAME MALDITO! ¡SUÉLTAME!

-Colombia oyó todo lo que hablaste con esta perra. ¿De verdad pretendías escaparte?

-¡AYYY! ¡DÉJAMEEE POR FAVORRR! ¡AYUDA! ¡AYUDAAA…!

-No te golpeo porque necesito que estés bien para esta noche. Pero después te daré una tunda, aunque tenga que mandarte de reposo por unos días. Empujó a Mary hacia el colombiano. –Llévala al cuarto. Dile a Cintia que la arregle para esta noche. Y lo que te dije, que no salga hasta que venga el hombre.

Encerrada en aquel cuarto, por su mente discurrían imágenes terribles. El miedo podía hacer que viviera pesadillas aun despierta. Abrió una neverita y tomó una botella de tequila. Son las diminutas que regalan en los hoteles pero sirve. Como para un trago. Tomó varias, pero la tensión persistía. La idea de una violación. El dolor agónico de la muerte. La muerte misma.

-¡MALDITO!, gritó, y su mente produjo el eco de un odio que acumuló como un peligroso veneno. Sus ojos miraban sus ojos en el espejo. Una mirada dura y triste a la vez. Luego escuchó la puerta. Cintia, entró, apurándola. Que se metiera bajo la ducha. Que la pondría preciosa para el galanazo. Mientras la maquillaba, le dijo que su sueño había sido siempre embellecer a una verdadera estrella de televisión. Que era un honor para ella y lamentaba que fuera en esas circunstancias. Mary asintió. Era obvio que Cintia, era otra mujer atrapada en aquel burdel de lujo. Pudo entender que las chicas se apoyaban entre ellas.

Pasaron las horas. Las once de la noche. Y la puerta otra vez. Cintia abrió nerviosa. Cuando vio a Colombia se le guindó del cuello.

-Quítese marico, pues, póngase pilas… ¿dónde está Mary?

-Mira papi, la estrella quedó como si fuera a grabar una película… ¿Ahora si me llevas al cine?

-Ah, vainas, el maricón este. Le voy a meter un tiro por el culo. Dónde me puso a la berraquita. Mary estaba sentada frente al espejo. Se levantó nerviosa por la presencia del colombiano, pero miró a Cintia por un momento, había jurado que era una mujer. El colombiano le tomó la mano y se la llevó a Héctor.

-Aquí está la diva, señor ministro, dijo Héctor. Disfrútela de la forma que guste.El político sonrió. Sus dientes tenían restos de comida que trataba de sacar con un mondadientes. Sacó una chequera y escribió un monto con seis ceros. Lo firmó con un garabato que sólo él entendía pero cuya validez nadie podía negar.

Esa noche Héctor celebró el cheque. Su local estaba atestado de gente. El calor en la pista vencía fácil las ráfagas del aire acondicionado. Una salsa erótica. Una de sus favoritas. Pamela es una modelo de modas que invitó. También piensa que se enamoró de ella una vez. Está ebria. Le gusta así. Con suficiente alcohol en el cuerpo. Las chicas se entregan fáciles cuando toman. Ella le pasa los brazos por el cuello. ÉL le soba los glúteos. Son firmes. Se concentra en su forma. En su color probablemente trigueño. Imagina cómo será esa mujer en la cama. Planea lo de siempre. Su departamento. Tragos. Polvillos mágicos. Y mucho sexo. La canción pasa. Se mezcla con otra más rápida. Una de los ochenta. Acerca la boca a su oído para invitarla a la suite. Es cuando siente la punzada. Es como un pedazo de hielo frío que lo atraviesa. Valdemar mueve el largo cuchillo de cocina rompiendo fibras musculares y vísceras. Lo saca y sale el chorro rojo. Héctor no reacciona. Sólo ha dejado de bailar y respirar. El autor del crimen, desaparece. Pamela se ríe con toda la boca.

-Eres un bromista Héctor. No me digas que nunca has bailado la música de Cyndi Lauper. Héctor se desploma como un árbol en medio de la pista. Pamela grita. Algunos ven la sangre y empieza la histeria. Todos salen de la discoteca. Encienden luces. Muchos hombres de Héctor han sido asesinados de la misma forma, entre ellos, el colombiano.

5

Ellos son así…les gusta el poder. Los mantiene viles e insensatos con los más débiles. Les gusta abusar, sí, hacen del mal una forma de vida. Las chicas son sólo utensilios de disfrute. Lo que pasa es que a veces, pueden elegir la equivocada.

El ministro conversa con alguien desde una línea privada. Está en interiores con una bata abierta y el habano encendido en la mano. Mary Watson sale del baño y escucha las carcajadas. Quisiera escaparse. Abrir simplemente la puerta del dormitorio y salir, pero dos gorilas están fuera. Se acuesta suavemente sobre la cama para no producir ruído. Él sigue hablando…Nota su gran abdómen. Abdómen y piernas escuálidas. Tetillas anormalmente desarrolladas, su cara gorda, con papada. Es como un enorme sapo. –Tranquilo, compadre, la contraloría también está en el guiso. Mientras no se haga una auditoria, la fiscalía no pedirá informes. Los recursos pasaran debajo de la mesa. Risas. No, tú parte no te la puedo decir por teléfono, tu eres pendejo…El ministro se acuerda de Mary y voltea, solo dice chau a su interlocutor, y tranca línea. Sus ojos miran hacia la cama…

-No estoy preparada para esto, dice Mary.

-Bueno, comprenderás que no voy a perder mis reales. Y sí te pones jodida, voy a tener que pedir ayuda extra. Roca, Camilo, entren acá. Necesito que me sostengan a esta caraja. Los guarda espaldas entran y la sostienen.

-Esta se cree que como es una actriz, no la puedo tocar. Quítenle la ropa, nojoda…

El sudor de Mary no huele a la colonia que le aplicó Cintia antes de salir. Huele a miedo. Huele a terror. Huele a locura. El forcejeo la venció. Está extenuada. Desnuda. Su sexo depilado muestra las sinuosidades de su flor de carne. El color de sus piernas, su firmeza, la suavidad resbaladiza, hacen que el ministro se empalme, y los guardaespaldas sólo contenerse. Nada más les es permitido. Esa mujer es solo para el jefe. Pero es demasiado perfecta para dejar de mirarla.

El jefe deja caer su bata y el bóxer. Mary cierra los ojos y las piernas, lo más que puede. Con sus amantes no es así, ella misma busca que la penetren. Pero con un extraño, es repulsivo. Espera que la pesadilla pase rápido. Pero no siente nada. Escucha un ruido. Un zas, como de sacos que se rasgan y luego se desploman. Abre los ojos. El ministro yace en el piso con sus hombres. Los cuerpos tienen una notable herida en el pecho. Los charcos rojos se unen formando uno más grande, que la hace patinar, y que casi cae en el piso de granito. Todo fue muy rápido o sus ojos estuvieron demasiado tiempo cerrados. Hay un hombre de traje en la puerta. Sólo logra verle de perfil. Le dice que se vista pronto y se largue, que la policía no tarda. Ella agarra la ropa que puede conseguir en medio del pánico, y atraviesa la puerta corriendo, todavía desnuda.

Nota: No toques a Mary Watson, es un relato que continúa la saga de las historias de Iván, un novelista que padece de personalidad múltiple, cuyo alter ego, Valdemar, tiene predilección por derramar la sangre de hermosas mujeres. Lee: El Extraño y Noble Durmiente.
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