DOS RELATOS

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Trazos de Profunda Densidad

Al transcurrir los días, ya no publicaba nada el blog que no fuera música y documentales. Recordé que desde mi ventana se podía ver su departamento, ubicado en posición oblicua al mío. Asomé la cabeza y allí estaba, en medio de un cigarro interminable, en aquel triste y mugriento balcón. Lo llamé y le hice seña de que bajara, nos veríamos en planta. No era el mismo de meses atrás. Solía encarar las dificultades hasta con cierta osadía, pero el caso de su hijo lo tenía contra el piso. Nos sentamos en un banco y pasó un vendedor de café, pedí dos. Sebas le dio una calada al cigarrillo, y comenzó hablar. Se culpaba por los pensamientos de fuga, de escaparse a un lugar donde pudiera cambiar de vida, y por fin tener algo de paz. Le dije lo que creo había escuchado en alguna parte:

–El dolor puede ser terapéutico para las almas atormentadas. Quizás puedas plasmar eso que sientes sobre una hoja.

-¿Y CREES QUE NO TRATO, MARCEL? LO INTENTO TODAS LAS NOCHES, PERO NO SALE NADA. Comencé un relato hace meses y todavía no lo concluyo, sólo pienso en mi hijo en ese hospital. Dicen que si al pasar los días no se recupera, podría ser irreversible. Estoy desesperado, y creo que voy a explotar si no me voy por un tiempo. Es sólo por un tiempo… no creas que voy a abandonar a mi familia, es para aclarar mi mente… No me mires así Marcel, no los dejaré desamparados, les depositaré en una cuenta. Ellos son muy importantes, y si tú pudieras estar con ellos. Mira…ellos te conocen Marcel. Saben que tú has sido más que un vecino, eres como un hermano de la infancia. Solo tienes que presentarte en mi casa y le dices que tuve que hacer un viaje impostergable, que tú estarás con ellos como si fueras yo. Lo entenderán. ¡Coño Marcel, estoy seguro!

Se levantó y caminó sin despedirse. No llevaba nada en las manos, sólo un libro, y la cola de un cigarrillo que luego soltó. Su decisión me dejó aturdido. Pensaba detenerlo, pensaba decirle que no contara conmigo para una vaina tan vil. “No voy a apoyarte en esta mierda. Por el amor de Dios, Sebas, afronta tu vida. No le hagas eso a estos seres… coño Sebas, ellos te aman… Sebas…Sebas…” Pensé en muchas cosas, pero finalmente, no abrí la boca. Lo miré aproximarse al tráfico, el smog parecía desvanecer su cuerpo en la distancia. Esa tarde me presenté ante su esposa. No tengo que describir cómo se puso cuando le conté todo.

Sus lágrimas, y aquel niño valiente postrado en una cama de hospital, me ataron a un compromiso de humanidad, que no pude reusar. Llegaba a su habitación con frutas y a veces me vestía de payaso con una gran nariz. Cumplía la misión de ¿la felicidad?; por lo menos le sacaba unas sonrisas a ambos, y el afecto que nunca esperé. El pequeño fue recuperándose gracias a Dios, a la ciencia, y a los cuidados de una mujer súper valiente, abandonada por un idiota.

2

Todas las noches después de cenar, sale al balcón a mirar las estrellas. Y es comprensible. Se han ido los meses y tú aún no regresas. Por eso he comenzado a exigirle que continúe su vida, que haga algo que ocupe su mente. La invité a correr esta mañana, y luego nos fuimos a buscar al chico en el hospital, hoy le dan de alta. Le gusta pintar y pinta casi como un profesional, aunque no ha ido a la Academia. Pinta a su madre y a mí en distintas facetas. La familia es el tema de sus obras, aunque hay un vacío en algunas. No es necesario adivinarlo, Sebas, tú ausencia se materializa en esos trazos de profunda densidad, donde los ojos se extravían en lo inasible.

3

Me atreví abordarla una noche, mientras lloraba por ti. Le quité el cigarro de la boca y lo lancé por el balcón. No quiero que fumes, no quiero que te enfermes, le dije. Le hice entender que ella era muy importante para su hijo y ahora también para mí. Sequé sus lágrimas con los pulgares y vi un destello en sus pupilas. La abracé, caminamos pausadamente al cuarto.

Esa noche ocupé tú lugar, amigo mío. Porque eso era lo que querías, ¿verdad?  No sé, nunca podré comprenderte. Espero que de verdad encuentres tu tan anhelada paz. Por lo pronto, seguiré escribiéndote por tu blog. Bueno, el que alguna vez fue tuyo.

 

Superhéroe

Ella se enamoró más de él, porque amaba a su hijo. Se preocupaba por traer el pan y de que todos comieran. Pasaba el tiempo necesario con sus tareas, por eso las buenas notas de la escuela. Veían películas sobre superhéroes, le encantaba ese tema, de hecho era casi un experto. Como profe de literatura integraba las historietas de Marvel, Allan More y Neil Gaiman a la planificación. Ella le enternecía su afición, porque lo entendía como una travesura que se trajo de la infancia y ahora lo ayudaba a fortalecer su relación con el pequeño Sergio, aunque en ocasiones se tornaba realmente obsesivo. Pensaba que el pequeño tenía la misión de salvar al mundo. Ella llegó hasta fantasear con la idea porque, a qué madre no la ilusiona que su hijo esté destinado a grandes cosas; pero todo cambió el día del accidente. Ese día odiaría a su esposo hasta la muerte. Ese día sería el ser más infeliz del mundo.

Cruzaban una amplia avenida y no se dieron cuenta cuando el pequeño Sergio se quedó atrás. Quería parar un camión siete cincuenta que se movía a gran velocidad. Estaba seguro que sus poderes emergerían en cualquier momento, sobre todo en las condiciones de mayor adversidad.

 

Axel Blanco Castillo
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